La hipófisis es una glándula pequeña situada en la base del cerebro, pero tiene un papel esencial en el equilibrio hormonal del organismo.
Los adenomas hipofisarios son tumores relativamente frecuentes y se estima que los clínicamente relevantes afectan aproximadamente a 1 de cada 1.000 personas. La mayoría son benignos y de crecimiento lento, aunque, según su tamaño y si producen hormonas en exceso, pueden afectar a la visión, al metabolismo, a la función sexual, al crecimiento o a otras funciones del cuerpo.
A continuación, veremos qué es un adenoma de hipófisis, cuáles son sus síntomas, cómo se confirma el diagnóstico y qué tratamientos se valoran en cada caso.
¿Qué es un adenoma hipofisiario?
Un adenoma hipofisiario es un tumor que se origina en la hipófisis, también llamada glándula pituitaria. Esta glándula produce hormonas que ayudan a regular funciones como el crecimiento, la actividad de la tiroides, la fertilidad, la respuesta al estrés o la producción de leche materna.
En la mayoría de los casos, se trata de un tumor benigno, es decir, no se disemina a otras partes del cuerpo. Aun así, puede requerir seguimiento o tratamiento si crece, altera la producción hormonal o presiona estructuras cercanas, como los nervios ópticos.
Los adenomas de hipófisis pueden clasificarse según su tamaño:
- Microadenomas: miden menos de 1 centímetro.
- Macroadenomas: miden 1 centímetro o más y tienen mayor probabilidad de ejercer presión sobre estructuras próximas.
También pueden ser funcionantes, cuando producen una o varias hormonas en exceso, o no funcionantes, cuando no generan una cantidad excesiva de hormonas, aunque pueden causar síntomas por compresión.
Principales síntomas de adenoma de hipófisis
Los síntomas de adenoma de hipófisis dependen principalmente de dos factores: si el tumor produce hormonas en exceso y si, por su tamaño, comprime estructuras cercanas.
Por eso, no todas las personas presentan los mismos síntomas. En algunos casos, el adenoma se detecta de forma incidental durante una prueba de imagen realizada por otro motivo.
Síntomas hormonales
Cuando el adenoma produce hormonas en exceso, los síntomas pueden variar según la hormona implicada:
- Aumento de prolactina: alteraciones menstruales, dificultad para lograr un embarazo, salida de leche por las mamas sin embarazo o lactancia, disminución del deseo sexual o disfunción eréctil.
- Exceso de hormona del crecimiento: aumento del tamaño de manos, pies o rasgos faciales en adultos, además de sudoración excesiva, dolor articular o cambios en la voz.
- Exceso de corticotropina (ACTH): puede aumentar la producción de cortisol y provocar la enfermedad de Cushing, con aumento de peso en el tronco, cara más redondeada, estrías violáceas, moretones frecuentes, debilidad muscular o cambios de ánimo.
- Exceso de TSH o tirotropina: en casos poco frecuentes puede aumentar la producción de hormonas tiroideas y causar síntomas de hipertiroidismo, como pérdida de peso, palpitaciones, nerviosismo o intolerancia al calor.
En algunos adenomas no funcionantes, el tumor puede interferir con la producción normal de hormonas de la hipófisis. Esto puede provocar cansancio, pérdida de energía, cambios de peso, intolerancia al frío o al calor y disminución de la función sexual, y en algunos casos requerir tratamiento sustitutivo.
Síntomas por compresión
Cuando el adenoma crece, puede ejercer presión sobre estructuras cercanas. Los síntomas más habituales son:
- Dolor de cabeza persistente o de características nuevas.
- Alteraciones visuales, especialmente pérdida de visión lateral o cambios en el campo visual.
- Visión doble en algunos casos.
- Náuseas o vómitos, aunque no siempre aparecen.
- Cansancio o debilidad relacionados con cambios hormonales.
Las alteraciones visuales requieren una valoración médica prioritaria, ya que pueden indicar que el tumor está afectando a los nervios ópticos o al quiasma óptico, una estructura relacionada con el campo visual.
Causas y factores de riesgo
Las causas del adenoma de hipófisis no siempre se conocen. En la mayoría de los pacientes no se identifica un motivo concreto ni algo que hayan hecho para provocar su aparición.
En general, se considera que pueden intervenir cambios genéticos en algunas células de la hipófisis, que hacen que comiencen a multiplicarse de manera anormal. La mayoría de estos cambios no son hereditarios.
De forma menos frecuente, algunos adenomas hipofisarios pueden estar relacionados con síndromes genéticos hereditarios, como la neoplasia endocrina múltiple tipo 1. Sin embargo, estos casos representan una minoría.
Lo más importante es contar con un diagnóstico adecuado y un seguimiento individualizado, ya que la evolución depende del tamaño del adenoma, de su comportamiento hormonal y de los síntomas que provoque.
Diagnóstico y pruebas médicas
El diagnóstico de adenoma de hipófisis se apoya en los síntomas, la exploración médica, los análisis hormonales y las pruebas de imagen.
En general, el proceso incluye:
- Historia clínica y exploración física: se valoran los síntomas, posibles cambios hormonales, antecedentes personales y familiares, así como signos relacionados con alteraciones visuales o endocrinas.
- Análisis de sangre y orina: permiten medir diferentes hormonas y comprobar si la hipófisis produce demasiada o muy poca cantidad de alguna de ellas.
- Resonancia magnética (RM): es la prueba de referencia para observar la hipófisis, conocer el tamaño del adenoma y valorar su relación con estructuras cercanas.
- Exploración oftalmológica y campo visual: es especialmente importante cuando existe un macroadenoma o hay síntomas visuales, ya que ayuda a detectar posibles alteraciones por compresión de las vías ópticas.
En algunos casos, el adenoma se identifica antes de que produzca síntomas. En otros, el estudio comienza tras detectar alteraciones hormonales o cambios visuales que requieren una valoración más completa.
Tratamientos para el tumor de hipófisis
El tratamiento del adenoma de hipófisis se decide de forma individualizada. No todos los tumores necesitan la misma estrategia: algunos solo requieren controles periódicos, mientras que otros pueden tratarse con medicamentos, cirugía o radiocirugía.
La elección depende, entre otros factores, del tamaño del adenoma, de si produce hormonas, de la presencia de síntomas, de su crecimiento y de su relación con los nervios ópticos.
Medicamentos y observación
En adenomas pequeños, sin crecimiento o sin síntomas relevantes, puede plantearse una estrategia de observación con controles clínicos, análisis hormonales y resonancias periódicas.
Los medicamentos también pueden ser el tratamiento principal en algunos tipos de adenoma. Por ejemplo, los prolactinomas suelen responder a fármacos que reducen la prolactina y ayudan a controlar el crecimiento tumoral.
En otros adenomas funcionantes, los medicamentos pueden utilizarse para reducir el exceso hormonal antes o después de la cirugía, o cuando otras alternativas no son adecuadas.
Cirugía transesfenoidal
La cirugía transesfenoidal es una de las técnicas más utilizadas para tratar determinados adenomas de hipófisis. Consiste en acceder a la zona de la hipófisis a través de la nariz y del seno esfenoidal, sin necesidad de realizar una apertura amplia del cráneo.
Puede plantearse cuando el tumor produce síntomas importantes, afecta a la visión, presenta un crecimiento significativo o no responde adecuadamente al tratamiento farmacológico.
Como ocurre con cualquier intervención, la indicación depende de las características de cada caso y debe valorarse por un equipo con experiencia en patología hipofisaria.
Radiocirugía
La radiocirugía puede considerarse en situaciones seleccionadas, especialmente cuando persiste una parte del tumor tras la cirugía, existe progresión durante el seguimiento o no es posible realizar una nueva intervención.
Se trata de una técnica que permite administrar radiación de forma muy precisa sobre el adenoma, intentando limitar la dosis que reciben las estructuras sanas cercanas. En el caso de los adenomas de hipófisis, la planificación es especialmente importante por la proximidad de los nervios ópticos y de otras estructuras sensibles.
En IRCA se dispone de ZAP-X, un sistema de radiocirugía estereotáctica cerebral no invasivo que permite planificar y administrar el tratamiento con gran precisión. Su diseño permite realizar radiocirugía intracraneal sin marco invasivo, con especial atención a las estructuras sanas cercanas.
La indicación y el número de sesiones se deciden caso a caso, con el objetivo de lograr control tumoral y preservar, en la medida de lo posible, la función visual y hormonal.
FUENTES
Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN). Guía de tumores hipofisarios para pacientes. https://www.seen.es/ModulGEX/workspace/publico/modulos/web/docs/apartados/1942/210121_021832_3674429582.pdf
Orphanet. Adenoma hipofisario.
https://www.orpha.net/es/disease/detail/91349
MedlinePlus. Tumor hipofisario. https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000704.htm
Manual MSD, versión para profesionales. Tumores hipofisarios. https://www.msdmanuals.com/es/professional/trastornos-neurol%C3%B3gicos/tumores-intracraneanos-y-espinales/tumores-hipofisarios
Aprender Base de Cráneo. Adenoma hipofisario. https://aprenderbasedecraneo.com/enfermedades/adenoma-hipofisario/
IRCA Radiocirugía. ZAP-X. https://www.irca-radiocirugia.com/zapx/
IRCA Radiocirugía. Macroadenoma de Hipófisis. https://www.irca-radiocirugia.com/casos-de-exito/macroadenoma-hipofisis/

